Comentario diario

Madre dolorosa

La piedad popular y la tradición de la Iglesia han querido desde siempre manifestar un amor especial y una mirada particularmente cercana y cariñosa a María, la mujer fuerte que permanece en pie junto a la cruz de su hijo. Íntimamente unida al misterio del Verbo encarnado, a la misión de su hijo amado, María también como peregrina de la fe acompaña y comparte la pasión de Jesús. Si el Hijo de Dios durante su vida mortal se ha manifestado progresivamente como siervo obediente, sacerdote pobre y por último, víctima perfecta, de la misma manera y paralelamente María se ha manifestado progresivamente como virgen, obediente, viuda pobre y, por último, la madre dolorosa.

Efectivamente, desde el instante mismo de la encarnación, el sí del Hijo eterno del Padre: ?He aquí que vengo, oh, Dios, para hacer tu voluntad?; necesita el sí de la virgen María: ?Hágase en mí según tu palabra?. Cuando llegó el momento de comenzar su vida pública, Jesús tuvo que abandonar Nazaret y tomar distancia de su madre para cumplir su misión. María que con casi toda seguridad había perdido ya entonces a José, es la viuda pobre que entrega a su único hijo, es decir, da todo lo que tenía para vivir. Ahora, en el momento cumbre de su misión, en la hora de nuestra redención Jesús ?a pesar de ser hijo aprendió sufriendo a obedecer?, y María, como madre dolorosa, aprendió sufriendo a ser madre. De hecho, ampliada casi al infinito su capacidad de amar, su maternidad divina, acogerá en sus entrañas de madre el testamento de su hijo amado. Desde lo alto de la cruz, su hijo la invocará: «madre», para hacerle su última entrega y petición: «ahí tienes a tu hijo» refiriéndose al discípulo que tanto amaba Jesús.

Todos los viernes del año ponemos la mirada en la cruz, pero especialmente en este tiempo de cuaresma en el que miramos al árbol de la vida y decimos ?ave, crux, spes unica?. En la cruz se han unido el cielo y la tierra, se han reconciliado el norte y el sur, el este y el oeste. En la intersección de esos dos palos, el vertical y el horizontal, está el corazón de Jesús. Es el amor que nos ha reconciliado, es el amor que nos ha perdonado, es el amor que nos ha amado tanto que ahora también nosotros podemos amar así, con un amor desmesurado.

Pero hoy no es un viernes cualquiera, es el ?viernes de dolores?, uno de los momentos más esperados de la Semana Santa. Encuadrado en la quinta semana de la Cuaresma, conmemora el sufrimiento por el que tuvo que pasar la Virgen María, madre de Jesucristo, durante el período anteriormente mencionado, que culminó en la crucifixión y posterior resurrección del Señor.

De acuerdo con los textos de la Biblia, los dolores que sintió la Virgen fueron siete: Primer dolor: una profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús. / Segundo dolor: La huida a Egipto con el Niño Jesús, escapando de la orden de asesinato por parte de Herodes. / Tercer dolor: Con 12 años, la pérdida durante tres jornadas de Jesús en el Templo de Jerusalén. / Cuarto dolor: El encuentro de madre e hijo en el camino de este al Calvario. / Quinto dolor: La crucifixión y posterior agonía de Jesucristo. / Sexto dolor: El recibimiento del cuerpo sin vida de Jesús por parte de la Virgen María, después de ser bajado de la cruz. / Séptimo dolor: El entierro de Jesucristo y la soledad que sintió tras el suceso la Virgen María.

Así que, si todos los viernes del año ponemos la mirada en la cruz, hoy lo hacemos especialmente para reconocer a la mujer que estaba de pie junto a ella. Si contemplar la cruz es ocasión de conversión, ¡cuánto más contemplar a la Madre Dolorosa! La cuaresma es tiempo de conversión en sentido real y concreto; nadie puede pretender acoger la gracia de una vida nueva, un corazón y un espíritu nuevos, sin dejar que antes se le arranque de su pecho, el corazón de piedra, ese que está lleno de resentimientos, indiferencias, envidias y rivalidades. Por eso, mejor no posponer para mañana esa llamada, esa conversación, esa oportunidad de reencuentro y de pedir perdón. Que Dios nos bendiga hoy, antes de que sea demasiado tarde, y ya no haya vuelta atrás. Como dice San Juan Damasceno: «No hay arrepentimiento para los ángeles después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte».

Damos gracias a Dios que nos ha amado con un amor tan grande, con una medida tan rebosante y sobreabundante, que nos permite ahora a nosotros recibir tanto amor y que también nosotros podemos dar sin reprochar ni exigir ser correspondidos.

Aprovechemos este viernes para acercarnos a la cruz e ir de la mano de ese hermano, con quien estábamos enfadados y distanciados, para que el Señor acoja nuestra ofrenda y uniéndola a la suya que se ofrece en el altar de la cruz, se transforme en vida abundante para el mundo

Horarios de Misa

 

De martes a sábado, por la tarde: 19 horas

Domingos y festivos, por la mañana: 10 y 12 horas

Los lunes no habrá celebración Eucarística

Atención Cáritas Parroquial

Cáritas Acogida: miércoles de 17,30 a 19 horas.

Voluntariado que atiende las necesidades de las personas y familias de la demarcación parroquial con escasos recursos.

Cáritas Ropero: martes y jueves de 17 a 19 horas.

Voluntariado que recicla la ropa que otras personas donan y posteriormente es expuesta para las personas que la necesiten. Ubicación del ropero en c. Rincón de Ademuz nº 14.

Cáritas Economato: 3º lunes de cada mes de 17 a 19 horas.

Voluntariado que atiende y ayuda a personas y familias en situación difícil en la cesta de la compra.

 

Petición de oraciones

Despacho Parroquial

Miércoles, por la mañana: de 10 a 11

Martes y Viernes, por la tarde: de 17,30 a 18,30

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