LEEMOS: (Jn 3, 13-17)

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

 

MEDITAMOS:

Hoy celebramos la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Interrumpimos, por tanto, las Lecturas de San Lucas que hasta ahora hemos contemplado y meditamos el relato del Evangelio de San Juan que se nos propone. En él, relaciona íntimamente Cruz con Amor. Esto es algo que no entendemos mucho: la cruz es sufrimiento, pero lo relaciona, como decimos, con el Amor. Aparentemente, no tiene ningún sentido. Pero lo vemos así porque no hemos sido educados en la cruz: pensamos que todo lo que tiene que pasarnos debe ser bueno porque Dios es bueno. Y esta interpretación es errónea. Cristo crucificado nos enseña, precisamente, que, sin amor, esa cruz carece de sentido. Sería sufrir por sufrir, y eso no lo quiere nadie. Lo primero que hemos de caer en la cuenta es de que los momentos de sufrimiento que nos toca, hay que vivirlos y no evitarlos: la realidad es así, momentos buenos y momentos malos. Lo segundo, que no estamos solos para enfrentarnos a ellos porque Jesús nos acompaña, nos enseña a afrontarlos, nos ama, no nos deja solos, de ahí que haya que orar más en esos momentos, escuchar más su Palabra y cumplirla. Lo tercero es que, como Jesús, hay que hacer actos de entrega a los crucificados del mundo, a los pobres, a los que lo están pasando mal: hacer, por tanto, obras de misericordia. Lo cuarto es que no existe Cruz sin Resurrección: ni el pecado, ni el sufrimiento, ni la muerte son la última palaba, ya que la última Palabra es la Resurrección, la Vida Eterna

 

ORAMOS

Gracias, Señor, porque nunca nos dejas solos, porque nos acompañas en todos los momentos. Que sepamos nosotros acompañar también a los que sufren.