LEEMOS: (Lc 9, 44b-45)
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.»
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
MEDITAMOS:
Como Jesús curaba enfermos, perdonaba pecados, hacía el bien, todas las personas estaban felices con Él. De hecho, nuestra finalidad también es ser felices, y esto trae como consecuencia que, a veces, pensamos que las cosas nos tienen que ir bien. Y cuando nos van mal, nos enfrentamos a esa situación, nos cuesta asumirla, nos preguntamos por qué nos toca a nosotros pasar por ahí. Deberíamos ser conscientes de que las cosas nos pueden ir bien o nos pueden ir mal. Esto es lo que los discípulos no querían preguntar a Jesús, por miedo: iba todo tan bien, que no querían ver la parte sufriente de la vida, es decir, la cruz. Sobre todo, cuando la respuesta de Jesús es tan contundente. Aprendamos, pues, a responder adecuadamente tanto en las situaciones buenas como en las malas, porque ambas forman parte de la realidad: no adoptemos respuestas evasivas o ilusas. Pero, no nos olvidemos nunca de la Esperanza.
ORAMOS:
Señor: Enséñanos a responder adecuadamente a todo lo que nos ocurre.
